Hay un tipo de cansancio que no siempre se soluciona durmiendo más.
Es ese cansancio que aparece incluso después de haber descansado. La sensación de tener la cabeza llena, estar constantemente pensando en lo que tenemos que hacer, no conseguir desconectar o sentir que cualquier pequeña cosa supone un esfuerzo.
A veces no estamos cansados/as físicamente. Estamos mentalmente agotados/as.
Y otras veces lo que sentimos es un cansancio más difícil de explicar. Nos sentimos sin motivación, irritables, con poca paciencia o simplemente tenemos la sensación de que necesitamos parar.
Este tipo de cansancio puede aparecer después de mucho tiempo sosteniendo estrés, preocupaciones, responsabilidades o situaciones que nos generan desgaste emocional.
En lugar de preguntarnos únicamente cómo recuperar nuestra energía podríamos empezar a preguntarnos:
¿Qué me está dejando sin energía?
Cuando la mente no para
Vivimos con muchos estímulos y responsabilidades.
Trabajo, familia, preocupaciones, obligaciones, mensajes, decisiones, problemas que resolver. Incluso cuando nuestro cuerpo está descansando, nuestra mente puede continuar trabajando.
Pensamos en lo que tenemos pendiente. En lo que ha ocurrido. En lo que tenemos que solucionar mañana. En lo que deberíamos haber hecho de otra manera. En lo que esperan los demás de nosotros/as. Y así podemos pasar días, semanas o incluso meses funcionando con la sensación de que nunca terminamos de desconectar.
El problema es que podemos llegar a acostumbrarnos tanto a ese estado que dejamos de reconocerlo como algo fuera de lo normal. Hasta que aparece el cansancio.
El cansancio emocional también desgasta
Hay situaciones que no podemos solucionar rápidamente y que requieren que mantengamos durante mucho tiempo una determinada tensión emocional.
Preocupaciones personales, conflictos, cambios importantes, cuidar de otras personas, afrontar dificultades o simplemente intentar llegar a todo pueden acabar generando un desgaste.
No siempre somos conscientes de cuánto nos está afectando. Seguimos con nuestra rutina y hacemos lo que tenemos que hacer.
Pero quizá empezamos a notar que tenemos menos paciencia, nos cuesta disfrutar de las cosas, estamos más sensibles o cualquier imprevisto nos supera.
No significa necesariamente que haya algo grave detrás. Pero sí puede ser una señal de que necesitamos prestar más atención a cómo estamos.

¿Qué ocurre cuando nos permitimos parar?
Aquí es donde el yoga puede convertirse en algo más que una actividad física. Durante una clase dejamos durante un rato aquello que normalmente ocupa nuestra mente. No tenemos que resolver nada. No tenemos que contestar a nadie. No tenemos que producir ni cumplir objetivos. Simplemente estamos ahí.
Ese espacio de pausa puede permitirnos empezar a notar cosas que en nuestro día a día quedan escondidas bajo el ruido y las obligaciones.
Quizá nos demos cuenta de que llevamos demasiado tiempo preocupados/as. Estamos con más tensión de la que pensábamos. Necesitamos descansar. Estamos diciendo que sí constantemente. Estamos dejando nuestras propias necesidades para el final. O incluso hay algo en nuestra vida con la que ya no no estamos bien.
El Yoga no siempre nos da respuestas pero puede ayudarnos a hacernos preguntas
Esta es una de las partes del Yoga que considero más interesantes.
Cuando practicamos con cierta regularidad, podemos desarrollar una mayor capacidad para observar lo que nos ocurre, sin reaccionar inmediatamente.
Y esa observación puede trasladarse poco a poco a nuestra vida cotidiana.
Podemos empezar a preguntarnos:
¿Por qué tengo este cansancio? ¿Qué situaciones me están desgastando?
¿Estoy viviendo al ritmo que necesito? ¿Estoy intentando llegar a todo?
¿Me estoy exigiendo demasiado? ¿Estoy poniendo límites?
¿Cuánto tiempo dedico a cuidar de los demás y cuánto a cuidarme a mí?
No siempre encontraremos respuestas agradables.
Pero tomar conciencia de algo que nos está ocurriendo es muchas veces el primer paso para poder cambiarlo.
A veces no necesitamos más energía sino menos carga
Cuando sentimos agotamiento podemos intentar encontrar algo que nos facilite esa energía que nos falta.
Puede ser: Hacer más ejercicio. Organizarnos mejor. Aprovechar mejor el tiempo. Buscar alguna actividad que nos ayude a desconectar.
Pero también podríamos preguntarnos si hay algo de lo que pueda desprenderme. Quizá no necesitamos añadir otra cosa a nuestra agenda. Reducir compromisos. Aprender a decir que no. Pedir ayuda. Dejar de intentar hacerlo todo. Aceptar que no podemos estar disponibles para todo el mundo todo el tiempo. O permitirnos simplemente descansar sin sentir que deberíamos estar haciendo algo más útil.

Escuchar nuestras emociones también es cuidarnos
En ocasiones intentamos apartar determinadas emociones porque nos resultan incómodas. Seguimos adelante aunque estemos con preocupación, tristes o enfado.
Pensamos que ya se nos pasará. Y puede que algunas veces sea así pero cuando ignoramos durante mucho tiempo lo que sentimos, es posible que acabemos viviendo con una sensación constante de tensión o agotamiento.
El Yoga puede ofrecernos un espacio seguro para observar esas sensaciones sin necesidad de solucionarlas inmediatamente.
No se trata de analizar cada pensamiento ni de buscar una explicación para todo.
Simplemente de aprender a reconocer: Hoy no estoy bien.
El cuerpo también puede convertirse en una puerta hacia lo que sentimos
Aunque estemos hablando de cansancio mental y emocional, el cuerpo suele acompañar lo que vivimos.
Podemos notar tensión en los hombros, mandíbula apretada, sensación de presión, respiración más superficial o dificultad para relajarnos.
Durante una práctica de Yoga prestamos atención precisamente a esas sensaciones. Esa atención puede ayudarnos a reconocer nuestro estado antes de llegar al límite. Descubrir que llevamos demasiado tiempo viviendo en tensión. Ahí es cuando podemos valorar qué necesitamos para cambiarlo.

El yoga como espacio de reflexión
No necesitamos convertir cada clase de Yoga en un momento de reflexión profunda, muchas veces basta con parar.
Pero cuando creamos regularmente ese espacio para nosotros, puede aparecer algo muy valioso: perspectiva. Cuando estamos dentro de una situación es difícil verla con claridad. Cuando estamos constantemente con ocupaciones también.
Parar nos permite tomar cierta distancia. Desde esa distancia podemos ver que llevamos demasiado tiempo diciendo que sí, asumiendo más de lo que podemos. Necesitamos poner límites.
El Yoga no decide qué tenemos que cambiar pero puede ayudarnos a escucharnos lo suficiente como para descubrirlo.
Cuando el cansancio se convierte en una señal
El cansancio mental y emocional merece ser escuchado. No tenemos que esperar a estar completamente en estado de agotamiento para preguntarnos cómo estamos.
El Yoga puede ser uno de esos espacios que nos recuerdan que también necesitamos escucharnos.
El objetivo no debería ser aprender a soportar mejor todo aquello que nos agota, sino descubrir qué necesitamos cambiar, para dejar de vivir permanentemente con cansancio y agotamiento.
El Yoga puede ser mucho más que una práctica sobre la esterilla. Puede ser una oportunidad para volver a tu esencia, observar cómo estamos viviendo y empezar a tomar decisiones más acordes con nuestras necesidades. Para volver a ti.
Aquí teneís un video de nuestro canal de Youtube con una práctica de Yoga que nos puede ayudar a volver a conectar con nuestro yo interior y escuchar qué necesitamos.
¡Ánimo y Feliz práctica!
Por Vanessa Martín Ardanaz.
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